Apuestas de pádel y apostadores jóvenes: por qué la DGOJ pone lupa en los menores de 25

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La conversación con el padre de un chaval de 22 años
Un padre conocido me paró en un torneo amateur de pádel. Su hijo, 22 años, había empezado a apostar al pádel hacía seis meses con volúmenes modestos pero crecientes. No era drama todavía, pero se notaba patrón. Me preguntó qué le diría yo al chico. Respondí con honestidad: si fuera mi hijo, le contaría los datos que tenemos sobre apostadores jóvenes en España y le pediría que los mirara con calma antes de seguir.
Este artículo es lo que le habría escrito si me lo hubiera pedido por escrito. No está pensado para moralizar. Está pensado para ordenar información contrastada sobre una franja de edad — los 18 a 25 años — donde las apuestas online tienen dinámicas distintas al resto, donde la regulación española tiene medidas específicas, y donde el pádel como deporte atrae un perfil que merece atención propia.
El marco ha avanzado mucho. Un director general de la DGOJ lo resumió con claridad: estamos implementando medidas pioneras como el registro único de jugadores y los perfiles de riesgo obligatorios para menores de 25 años, que están transformando positivamente la experiencia de juego
. Esas medidas pioneras son respuesta a datos preocupantes que conviene mirar sin dramatismo pero sin minimizarlos.
Lo que dicen los datos sobre 18-25 en España
Los datos DGOJ sobre jóvenes apostadores dan una foto clara. El Estudio de Prevalencia de Juego 2022-2023 indica que el 36,5% de los jóvenes entre 18 y 25 años que jugó al menos una vez en el último año participó en apuestas online. De ese grupo, el 12,45% desarrolló síntomas de problemas de juego, una cifra muy superior al promedio general.
Comparado con la población general: la prevalencia global del trastorno del juego en España es del 2,01% de jugadores con síntomas según DGOJ, y la encuesta EDADES del Ministerio de Sanidad estima el 1,7%. El 12,45% en el segmento joven es varias veces superior a ese promedio general. Es por ese dato, concreto y grande, que la DGOJ ha endurecido medidas específicas para este tramo de edad.
Los números contextualizan sin generar alarma innecesaria. Primero, muchos jóvenes apuestan sin desarrollar problemas: el 87,55% del 36,5% que participó no mostró síntomas problemáticos. Apostar con mesura a los 22 años es perfectamente compatible con una vida sin adicciones. Segundo, la concentración de problemas en varones jóvenes es marcada, aunque no exclusiva: el patrón demográfico de ludopatía tiene sesgo claro hacia masculino joven.
Un dato adicional que conviene mencionar. El 85% de la población española entre 18 y 75 años juega (presencial y online sumados) según estudios del Consejo Empresarial del Juego. El juego en sí es una actividad normalizada. El problema no es el juego. Es la franja concreta donde se convierte en patrón sostenido sin control. Ahí el diferencial 18-25 pesa.
Perfil de riesgo obligatorio: cómo funciona
La DGOJ obliga a los operadores con licencia a aplicar un test de riesgo específico a usuarios menores de 25 años, con preguntas sobre hábitos, motivación, gasto y autopercepción. El test es obligatorio al abrir cuenta y se repite con periodicidad fijada por la normativa.
El test evalúa varias dimensiones. Frecuencia de juego, cantidad depositada respecto a ingresos declarados, percepción propia sobre control y la relación entre juego y otras actividades cotidianas. Las respuestas se procesan y clasifican al usuario en perfil de riesgo bajo, medio o alto. El perfil no es sanción: es información que el operador usa para aplicar medidas específicas.
En perfiles de riesgo medio o alto, el operador tiene obligación de aplicar medidas preventivas. Entre ellas: límites de depósito más bajos por defecto que los que el usuario podría fijar, comunicaciones informativas más frecuentes, restricción de comunicaciones comerciales y, en casos extremos, recomendación activa de pausa temporal o uso de herramientas de autoexclusión.
Un punto que no siempre se explica. El test de riesgo no puede ser «falseado» de forma impune. Los operadores cruzan las respuestas con el comportamiento efectivo observado: si alguien responde «apuesto una vez al mes» pero el sistema registra actividad diaria, el perfil se ajusta al dato objetivo. La honestidad en el test beneficia al usuario, no al revés.
Estas medidas DGOJ son, en mi opinión, lo mejor que ha salido del marco regulatorio reciente. No impiden que una persona joven juegue si quiere. Añaden fricciones mínimas que son especialmente útiles en el tramo donde los datos muestran más vulnerabilidad.
Por qué el pádel atrae a público joven
El pádel en España tiene demografía marcadamente joven y activa. Las licencias federativas de pádel en la FEP alcanzaron 109.040 en 2024, con un crecimiento del 7,6% respecto a 2023, y más de 6 millones de personas — el 12,7% de la población española — practican pádel según el Barómetro de Hábitos en Deporte. Esa práctica masiva es joven en promedio, con franjas de 20 a 40 años como núcleo principal.
El perfil se traslada a las apuestas. Quien apuesta al pádel suele haberlo jugado o jugar, suele seguir torneos con atención, suele tener familiaridad con el ecosistema. Es un deporte cercano para su apostador, más que fútbol o baloncesto que concentran afición sin práctica activa. Esa cercanía tiene ventajas — mejor conocimiento deportivo — pero también riesgos específicos en el tramo 18-25.
El principal riesgo: la identificación emocional con el deporte amplifica el impacto psicológico de la apuesta. Quien juega al pádel los fines de semana y sigue a Tapia-Coello con devoción tiende a apostar a sus partidos con implicación emocional alta. Esa implicación convierte la apuesta en extensión de la pasión deportiva, y esa extensión es donde el tránsito a patrón problemático puede ser más sutil que en deportes donde el apostador es puramente observador.
Red Bull TV lleva los partidos de Premier Padel a 130 países globalmente, y el acceso gratuito al contenido deportivo es parte de lo que hace al pádel tan consumible. Cuando el deporte y la apuesta se consumen en la misma pantalla, el tramo joven tiene menos fricción entre visualizar el partido y apostar en él. Es un factor contextual que los operadores y la DGOJ tienen presente al diseñar el marco de protección.
Señales de conducta que conviene mirar con honestidad
Para un joven apostador, o para su entorno cercano que se preocupa, hay señales que conviene mirar sin dramatismo pero con honestidad. No son diagnóstico: son información que ayuda a autoevaluarse.
Primera señal: apostar más frecuentemente de lo planeado. Empezar diciendo «apuesto los fines de semana de Major» y terminar apostando martes a P2 sin motivo claro. El desplazamiento de la intención a la ejecución es, sistemáticamente, el indicador más fiable de que un patrón empieza a escapar al control consciente.
Segunda: aumentar stakes para recuperar pérdidas. El «seguro que con esta la recupero» es uno de los patrones psicológicos más documentados del juego problemático. Aparece en todas las edades pero es especialmente común en perfiles jóvenes con ingresos limitados y deseo rápido de compensar. Si lo detectas en ti mismo o en alguien cercano, es momento de aplicar pausa.
Tercera: apostar cantidades significativas respecto al ingreso disponible. Hay una referencia útil en el dato del perfil DGOJ del jugador online 2024: el 15% de usuarios con más pérdidas gasta una media de 9 euros por semana; el 5% superior, 916 euros por semana. Si tu gasto semanal está acercándose al rango del 5% superior sin que tus ingresos justifiquen ese volumen, es una señal.
Cuarta: ocultar o minimizar la actividad ante personas cercanas. El juego recreativo se comparte o al menos se comunica. El juego problemático tiende a esconderse. Si te encuentras justificándote solo ante ti mismo o evitando hablar del tema, merece la pena pararse y revisar.
El entorno familiar y de amigos: qué puede y qué no puede hacer
El entorno cercano de un joven apostador tiene un rol limitado pero real. Lo que puede hacer es ofrecer apoyo, información y acompañamiento. Lo que no puede hacer es tomar decisiones por el otro.
Lo más útil del entorno es hablar sin moralizar. Una conversación donde se presenta el tema como preocupación sincera, sin acusación ni sermoneo, suele ser más efectiva que quince conversaciones con tono crítico. Un director general de la DGOJ lo ha señalado al comentar el perfil del jugador medio: hay que ser honestos y esto es lo que nos dan los números. La inmensa mayoría de gente que juega, ya sea online, ya sea offline, lo hace como una actividad de ocio y no les supone un problema de salud
. Esa perspectiva honesta, que no reduce pero tampoco amplifica, es la que facilita el diálogo.
El entorno también puede aportar información práctica. Dónde está el RGIAJ, cómo se usa, qué son los autolímites, cuáles son los teléfonos de asistencia pública. Tener esa información lista, impresa o accesible en el móvil, convierte un momento de crisis en un momento resolvible. Si quieres profundizar en cómo funciona la inscripción en el registro, revisé el procedimiento en detalle en el artículo sobre autoexclusión con RGIAJ y cómo se registra.
Lo que el entorno no debe hacer es «gestionar» las apuestas del otro: pedir acceso a su cuenta, controlar sus depósitos, revisar sus tickets. Esas intervenciones generan conflicto sin resolver el problema de fondo. La responsabilidad sobre el juego propio es individual, y el apoyo externo más efectivo es el que facilita que la persona tome decisiones, no el que las sustituye.
Una última cosa. La ludopatía es un problema de salud. No es debilidad de carácter, no es falta de voluntad, no es simple mal hábito. Tratarla como problema de salud — con profesionales cuando hace falta, con recursos públicos y privados disponibles — es la vía que funciona. El regulador lo ha normalizado con sus medidas y el entorno cercano puede ayudar a que el afectado lo vea también así.
¿Qué medidas aplica la DGOJ específicamente a cuentas de menores de 25?
Test de riesgo obligatorio al abrir cuenta y con periodicidad establecida, límites de depósito más bajos por defecto, restricción de comunicaciones comerciales promocionales, cruce con el RGIAJ, y medidas preventivas adicionales cuando el perfil de riesgo resulta medio o alto. Son medidas específicamente diseñadas para el tramo 18-25 por los datos de prevalencia.
¿Es más frecuente el problema de apuestas en varones jóvenes?
Sí, con un sesgo demográfico marcado. Los estudios DGOJ y EDADES muestran que el trastorno del juego tiene mayor prevalencia en varones jóvenes que en mujeres de la misma edad, y también respecto al promedio general de población. El 12,45% de jóvenes 18-25 que juega muestra síntomas, frente al 2,01% global.
Creado por la redacción de «Apuestas Padel Online».